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OPINIÓN: La bulla de la Policía

Por José Ant. Torres
Otra vez, no sé por cuántas ocasiones, un jefe de la Policía anuncia a la sociedad con bombos y platillos, en medio de todo un aparataje de agentes con uniformes nuevos y vehículos a todo dar, que enfrentará con todo lo hierro la delincuencia.

Sin embargo, la población no le da credibilidad a esos amagues; tampoco los delincuentes.

En la encuesta de ayer de El Nacional digital, la gente respondió que no, en un alto porcentaje, a la pregunta de si tenía confianza que el nuevo plan de la Policía podría disminuir el auge de la delincuencia, que nos tiene a todos al coger el monte.
Estos planes solamente salen a relucir cíclicamente cuando la sociedad asume como suyo las acciones de los delincuentes que se han adueñados de calles y avenidas.
Recordemos cuando el caso de la ingeniera Francina Hungría, que días posteriores a ese horrendo hecho, las acciones de la Policía fueron contundentes y algunos reconocidos delincuentes fueron apresados.
Ahora, sabemos lo difícil que es para un jefe policial arengar sobre eficiencia y buen comportamiento a agentes que perciben salarios por debajo de los 10 mil pesos mensuales, y que muchos de ellos están en la institución por conveniencia o para obtener impunidad, pero jamás por vocación.
Sin embargo, hay una realidad que le está dando en la cara al jefe policial. Los actos delictivos parecen ser indetenibles y eso es sumamente grave, porque pudiera ser que gente asqueada por las acciones de los delincuentes decida hacer justicia por sus propias manos.
La población está perdiendo la fe en la Policía como institución para resguardar su seguridad y bienes, siendo el problema mayor cuando los padres deben esperar cargados de ansiedad el regreso de los hijos cuando van a la escuela, el trabajo o una actividad social.
Las experiencias de otros países indican que la lucha contra la delincuencia no se gana en los medios de comunicación ni con operativos, sino con labor de inteligencia que ubique las guaridas de los antisociales.
En cada barrio, los habitantes saben quienes son los delincuentes y la especialidad de cada uno de ellos. Me atrevo a jurar que la Policía también y que algunos de ellos son usados por malos policías. ¿Entonces, dónde está el problema?

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