Plantea interrogantes el hecho de que tanto en el secuestro del estudiante Eduardo Baldera Gómez como del niño Angel Agustín Jiménez Peña se pidieran por el rescate alta sumas de dólares. El peso podrá estar muy devaluado, pero que en cada secuestro se exigieran cinco y un millón de dólares sugiere interrogantes que no pueden ser obviadas por las autoridades. Los secuestradores, a menos que sean loquitos, tienen que saber que la conversión de pesos en dólares dificulta el proceso para liberar a un retenido a la fuerza. Máxime cuando el dólar no es una moneda que se puede adquirir en cualquier esquina. Suerte que en los casos de Baldera Gómez y del niño Jiménez Peña no ha habido que negociar. El estudiante secuestrado el 18 de septiembre en Nagua escapó a los 22 días y la Policía pudo rescatar ayer en la mañana vivito y coleando al niño de seis años que el lunes había sido secuestrado en Santiago. Antes que especular, con todo y que material hay de sobra, la presencia de la divisa estadounidense en la industria del secuestro es un elemento que no se puede pasar por alto. Más todavía cuando para los rescates se exigen sumas millonarias, que no se sabe si los familiares de las víctimas están en capacidad de reunir en los plazos establecidos.
Plantea interrogantes el hecho de que tanto en el secuestro del estudiante Eduardo Baldera Gómez como del niño Angel Agustín Jiménez Peña se pidieran por el rescate alta sumas de dólares. El peso podrá estar muy devaluado, pero que en cada secuestro se exigieran cinco y un millón de dólares sugiere interrogantes que no pueden ser obviadas por las autoridades. Los secuestradores, a menos que sean loquitos, tienen que saber que la conversión de pesos en dólares dificulta el proceso para liberar a un retenido a la fuerza. Máxime cuando el dólar no es una moneda que se puede adquirir en cualquier esquina. Suerte que en los casos de Baldera Gómez y del niño Jiménez Peña no ha habido que negociar. El estudiante secuestrado el 18 de septiembre en Nagua escapó a los 22 días y la Policía pudo rescatar ayer en la mañana vivito y coleando al niño de seis años que el lunes había sido secuestrado en Santiago. Antes que especular, con todo y que material hay de sobra, la presencia de la divisa estadounidense en la industria del secuestro es un elemento que no se puede pasar por alto. Más todavía cuando para los rescates se exigen sumas millonarias, que no se sabe si los familiares de las víctimas están en capacidad de reunir en los plazos establecidos.
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