La prolongada tanda de apagones que todavía padece la población hace pensar que la interminable crisis en la industria eléctrica es como una maldición que los dominicanos sufrirán hasta el fin de los días. Cuando no es por una causa, es por la otra, pero casi siempre, menos en tiempo de elecciones, las interrupciones de energía eléctrica agobian a la ciudadanía y se erigen como insalvable traba al desarrollo. Retrasos en los pagos a generadores es el motivo de la oscuridad de hoy. Autoridades e intervinientes en el abigarrado e ineficiente sector eléctrico no deberían pronunciar ni una palabra más y permitir que la población se acostumbre a sufrir la maldición de apagones igual que el burro que antes de morir fue entrenado para no comer.
La prolongada tanda de apagones que todavía padece la población hace pensar que la interminable crisis en la industria eléctrica es como una maldición que los dominicanos sufrirán hasta el fin de los días. Cuando no es por una causa, es por la otra, pero casi siempre, menos en tiempo de elecciones, las interrupciones de energía eléctrica agobian a la ciudadanía y se erigen como insalvable traba al desarrollo. Retrasos en los pagos a generadores es el motivo de la oscuridad de hoy. Autoridades e intervinientes en el abigarrado e ineficiente sector eléctrico no deberían pronunciar ni una palabra más y permitir que la población se acostumbre a sufrir la maldición de apagones igual que el burro que antes de morir fue entrenado para no comer.
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