La debacle del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que al computar los votos de las elecciones del pasado viernes pasó a formar parte de la legión de “ventorrillos políticos” que se alimentan del Presupuesto de la nación, parece conducir a la eliminación de la segunda vuelta electoral cuando el candidato más votado no logra superar el 50 por ciento del sufragio. Observadores del acontecer político estiman que la situación del PRSC es irreversible y se apoyan en su percepción de que a raíz de su último fiasco electoral lo que queda de esa organización sufrirá los embates de otra crisis interna que pudiera disminuir aún más su escasa incidencia. Señalan que del poco más del 24 por ciento obtenido en las urnas por el doctor Joaquín Balaguer en las elecciones presidenciales del año 2000, en las siguientes el PRSC bajó a menos del nueve por ciento con el ingeniero Eduardo Estrella y en las del pasado viernes a un pírrico 4.59 con el licenciado Amable Aristy Castro. Y sostienen que aparte de que el requisito constitucional de la segunda vuelta electoral fue establecido para impedirle el paso hacia el poder al doctor José Francisco Peña Gómez, su vigencia queda automáticamente sin efecto cuando se presenten a competir los únicos dos partidos que mantienen su vocación de poder, el PLD y el PRD.Recuerdan que desde que fue establecida la segunda vuelta electoral en la República Dominicana, el único aspirante que tuvo que concurrir a ella fue el doctor Peña Gómez en representación del Partido Revolucionario Dominicano, al no alcanzar más de la mitad de los votos, como establece la Constitución. El candidato perredeísta en esa oportunidad fue derrotado en la segunda ronda de votaciones, el 30 de junio de 1996, por el denominado “Frente Patriótico” integrado por el PRSC y el Partido de la Liberación Dominicana, pacto que a la vista de los observadores marcó el principio del fin de los reformistas como organización política mayoritaria. Los analistas señalan que desde entonces el PRSC se constituyó en la “novia” de peledeístas y perredeístas, que se han disputado a los reformistas para “matrimoniarse” electoralmente con ellos tanto mediante el sonsacamiento de miembros y dirigentes como a través de contratos formales de beneficio mutuo.Destacan que por lo menos en una oportunidad el nombre dado a un acuerdo electoral con el PRSC parecía reconocer implícitamente la degradación que corroía a esa sigla, al presentar la oferta electoral resultante como “alianza rosada”. O sea, del rojo intenso que alguna vez sirvió de símbolo a los reformistas, en esa oportunidad ya se presentaban como “rosados”, en una dilución de su color original. En ese trayecto han exhibido unas veces inclinación hacia el “matrimonio por interés” con el PLD y otras con el PRD, a pesar de que fueron las organizaciones políticas que con mayor vehemencia lucharon políticamente en su contra durante sus años de mayor brillo.
La debacle del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que al computar los votos de las elecciones del pasado viernes pasó a formar parte de la legión de “ventorrillos políticos” que se alimentan del Presupuesto de la nación, parece conducir a la eliminación de la segunda vuelta electoral cuando el candidato más votado no logra superar el 50 por ciento del sufragio. Observadores del acontecer político estiman que la situación del PRSC es irreversible y se apoyan en su percepción de que a raíz de su último fiasco electoral lo que queda de esa organización sufrirá los embates de otra crisis interna que pudiera disminuir aún más su escasa incidencia. Señalan que del poco más del 24 por ciento obtenido en las urnas por el doctor Joaquín Balaguer en las elecciones presidenciales del año 2000, en las siguientes el PRSC bajó a menos del nueve por ciento con el ingeniero Eduardo Estrella y en las del pasado viernes a un pírrico 4.59 con el licenciado Amable Aristy Castro. Y sostienen que aparte de que el requisito constitucional de la segunda vuelta electoral fue establecido para impedirle el paso hacia el poder al doctor José Francisco Peña Gómez, su vigencia queda automáticamente sin efecto cuando se presenten a competir los únicos dos partidos que mantienen su vocación de poder, el PLD y el PRD.Recuerdan que desde que fue establecida la segunda vuelta electoral en la República Dominicana, el único aspirante que tuvo que concurrir a ella fue el doctor Peña Gómez en representación del Partido Revolucionario Dominicano, al no alcanzar más de la mitad de los votos, como establece la Constitución. El candidato perredeísta en esa oportunidad fue derrotado en la segunda ronda de votaciones, el 30 de junio de 1996, por el denominado “Frente Patriótico” integrado por el PRSC y el Partido de la Liberación Dominicana, pacto que a la vista de los observadores marcó el principio del fin de los reformistas como organización política mayoritaria. Los analistas señalan que desde entonces el PRSC se constituyó en la “novia” de peledeístas y perredeístas, que se han disputado a los reformistas para “matrimoniarse” electoralmente con ellos tanto mediante el sonsacamiento de miembros y dirigentes como a través de contratos formales de beneficio mutuo.Destacan que por lo menos en una oportunidad el nombre dado a un acuerdo electoral con el PRSC parecía reconocer implícitamente la degradación que corroía a esa sigla, al presentar la oferta electoral resultante como “alianza rosada”. O sea, del rojo intenso que alguna vez sirvió de símbolo a los reformistas, en esa oportunidad ya se presentaban como “rosados”, en una dilución de su color original. En ese trayecto han exhibido unas veces inclinación hacia el “matrimonio por interés” con el PLD y otras con el PRD, a pesar de que fueron las organizaciones políticas que con mayor vehemencia lucharon políticamente en su contra durante sus años de mayor brillo.
Comentarios