
El papa Benedicto XVI dijo este domingo en una misa ante cientos de miles de personas en Silao (centro de México) que el poder de los ejercitos no salvará a la gente y que una fe cristiana bien entendida no permite que los hombres sean sometidos por la fuerza.
Tras señalar que México y el continente viven "momentos de dolor y de esperanza a la vez", pidió a América Latina encomendarse a Cristo Rey para buscar "la paz y la concordia".
"Su reino no descansa en el poder de sus ejércitos sometiendo a otros por la fuerza o la violencia. Descansa en un poder superior que conquista los corazones: el amor de Dios", dijo en un país que ha sufrido 50.000 muertos y crímenes horrendos en cinco años de guerra militar contra los carteles.
El Papa agregó que "esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos".
Al igual que México, otros países de la región como Guatemala y Honduras han movilizado sus ejércitos para atacar a los carteles del narcotráfico.
La eucaristía en el parque Bicentenario de la ciudad de Silao, en el centro de México, era el punto culminante de su visita a este país.
Benedicto XVI celebró la misa ante unos 640.000 fieles, medio millón de ellos tuvieron acceso al parque Bicentenario y el resto la siguieron desde los alrededores, según cálculos de autoridades del estado de Guanajuato que entregó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Entre los asistentes a la misa estaban los cuatro candidatos a las elecciones presidenciales que se celebrarán en México el 1 de julio.
La "misa de esta mañana fue verdaderamente histórica para este viaje y este país" señaló el portavoz del Vaticano. El lunes viajará a Cuba, para una visita de tres días durante la cual se reunirá con Raúl Castro.
Al finalizar la misa, el Papa celebró la oración del Ángelus, durante la cual insistió en que es necesario desterrar de América Latina las venganzas y el odio, en una nueva alusión a la violencia que afecta a la región.
Benedicto XVI encomendó el continente a la Virgen de Guadalupe "en estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad"
Antes del oficio el helicóptero que trasladaba al Papa circunvoló la gigantesca imagen de Cristo Rey, de 20 metros y 80 toneladas, destruida durante la Guerra Cristera (1926-1929) entre el gobierno y católicos insurrectos, que marcó un drástico quiebre en las relaciones entre el Estado y la Iglesia en México.
Luego descendió en el parque Bicentenario donde la multitud, compuesta mayoritariamente por jóvenes, lo saludaba y vitoreaba al paso del papamóvil que lo llevó desde el helipuerto hasta el altar, cantando "Benedicto hermano, ya eres mexicano".
Durante el recorrido el Papa se colocó un sombrero de charro mexicano, mientras banderas de México, pero también de otros países de América Latina como Argentina, Chile, Venezuela y Guatemala se levantaron a su paso.
Pese a sus 84 años, el Papa no mostró signos de fatiga durante los largos desplazamientos por carretera y lucía un semblante complacido ante las efusivas manifestaciones de cariño de miles de mexicanos.
"El Papa me dejará su corazón y se llevará el mío", dijo a la AFP Aydée Luna, una mexicana de 35 años, quien llegó antes de la medianoche del sábado al lugar para instalarse a unos 300 metros de donde Benedicto XVI celebró la eucaristía.
Grupos de jóvenes, matrimonios y familias acamparon desde el sábado cerca del parque para obtener un lugar privilegiado durante la celebración de la eucaristía.
El Sumo Pontífice regresó tras la misa en helicóptero a León, donde al atardecer encabezó la oración junto a los obispos de toda América Latina.
En su homilía Benedicto XVI subrayó que la Iglesia de América Latina y el Caribe debe "confirmar, renovar y revitalizar" su prédica para superar lo que llamo "el cansancio de la fe" recordando la misión de nueva evangelización que aprobaron durante su anterior visita a América Latina, en 2007 a Brasil.
La Iglesia de América Latina, donde viven el 28% de los católicos del mundo, enfrenta el desafío de la pérdida de fieles ante el avance de otras creencias y una creciente secularización reflejada en el debate de políticas estatales en temas como el aborto, la contracepción y el matrimonio homosexual que contrarían la doctrina católica tradicional.
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