El toletero David Ortiz lloró cuando llegó por primera vez a la sala de cirugía al ver las dramáticas condiciones físicas de niños a los que ha ayudado a tratar sus enfermedades en Cedimat. “Yo podía ser uno de esos niños y no sé qué hubiera sido de mí”, comentó entre sollozos. De ahí inició un compromiso que se ha prolongado por años. “Gracias papá Leo”, le dijo al periodista Leo Corporán por el estímulo de este para que cooperara con las cirugías y tratamientos de decenas de niños de escasos recursos económicos con problemas cardiovasculares. El gesto del jugador, por cuyos aportes fue bautizado con su nombre la unidad de cardiología pediátrica de Cedimat, no puede ser más humano. Y una confirmación de que “buenas obras son amores y no buenas razones”. David lo hace de corazón, sin otro beneficio que devolver la salud y el derecho a la felicidad a niños de escasos recursos. Más que con el reconocimiento, con sus aportes para una causa tan noble se ha sentid...