Con apenas ocho años de edad, tiene ya dos años conociendo la dureza de las calles, algunas veces vendiendo desde frutas hasta calendarios, mientras ve limitadas las oportunidades de ir a una escuela. Sin importar el fuerte sol y si le tomó la noche en las avenidas de Santiago, o que su oficio sea visto como explotación de trabajo infantil, Junior C. narra como debe “fajarse de campana a campana” para entregar lo que se gana a sus padres. Aunque fue inscrito en la escuela, pocas veces va a clases y en sus vacaciones no puede disfrutar como sus amiguitos, pues tiene como tarea hacer doscientos pesos para la comida de sus padres y hermanos. Junior C., algunas veces oferta sus calendarios en la avenida Bartolomé Colón, muchas veces en la 27 de Febrero y hasta en pleno casco urbano. Su caso no es exclusivo, pues como Junior C. son decenas los menores expuestos a trabajos de adultos en las calles de este municipio. Los que no trabajan como ayudantes en tal...