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Desde los inicios del 2011, en la Republica Dominicana se vislumbraron pilas de problemas que atiborraron la sociedad, comenzando por hechos violentos escenificados por delincuentes, asaltantes y narcotraficantes que hoy en dia pululan por las calles sin ser víctima de la justicia, por la complicidad y la protección policial y política inmodificable reinante en todos los entornos sociales.
Culminó el 2011 y los problemas de violencia, descomposición social y el reclamo de un 4%para la educación se quedaron en el limbo, porque al gobierno que preside Leonel Fernández, supuesto abanderado del fortalecimiento de la educación nacional, no se interesó mínimamente por poner en alto la bandera del desarrollo, manifestando su apoyo incondicional a la corrupción administrativa.
Los acontecimientos negativos del pasado año, que no fueron resueltos a pesar de contar con la capacidad y los recursos económicos para resolverlo, pronostican un panorama sombrío y frustratorio al inicio del 2012, un año donde se producirán cambios en el solio presidencial, porque a partir del veinte de mayo contaremos con un nuevo presidente constitucional.
A pesar de que contaremos con un nuevo mandatario, en el país no se vislumbran cambios, porque tenemos una Suprema Corte de Justicia, diseñada a la medida de los partidos políticos y regenteada por el actual gobernante Partido de la Liberación Dominicana.
Sin ser pesimista, lamentablemente seguiremos en este 2012, soportando los prolongados apagones y pagando la energía eléctrica que no consumismos, pagando impuestos por encima de lo establecido, comprando combustibles por encima de la Ley de los Hidrocarburos, siendo puente del narcotráfico internacional, soportando la complicidad de los políticos, fiscales y policías con delincuentes y narcotraficantes.
Mientras los dominicanos que solo ejercemos nuestros derechos cada cuatro años pagamos sin menoscabo los impuestos para garantizar a los ciudadanos de menor posición económica la educación, la salud, derecho a una vivienda digna, derecho a consumir agua potable y a recibir atenciones medicas acordes con sus necesidades en los hospitales, el gobierno derrocha inmisericordemente las recaudaciones en campañas politiqueras, entregando funditas y haciendo promesas que nunca se cumplen.
La coincidencia del inicio del 2012 con el próximo fin del gobierno encabezado por Leonel Fernández Reyna, tiene como resultado que la tradicional actitud positiva derivada de las festividades navideñas, con su carga desfavorable en el espíritu, se vea incrementada con el deseo de que los dominicanos podamos lograr cambios en la manera de conducir al país durante sus últimos meses de mandato, para que esto sea un indicio de trabajo positivo para sus sucesores Danilo Medina e Hipólito Mejía.
Los dominicanos están cansados de promesas, por lo que el país necesita la convicción de un cambio, tanto dentro de gobernantes, como de gobernados, basado estrictamente en la expulsión de las actividades corruptas de cualquier índole, de la irresponsabilidad y de la decisión personal del presidente oficialista, siempre actuando de manera correcta.
El estado dominicano está siendo gobernado por lacras sociales enquistadas en los Partidos de la Liberación Dominicana, Revolucionario Dominicano y Reformista Social Cristiano, acompañados y apoyados por supuestos dirigentes de izquierda, trepadores del erario público.
En resumidas cuentas, cuando el individualismo se desboca, deja de ser una fuerza con efectos positivos, convirtiéndose en una vorágine cuyos efectos los sufre la sociedad en su conjunto, razón la que el fenómeno de la corrupción seguirá bordeando los rincones de la administración pública, sin importar el partido que dirija los destinos del país.
La esperanza del inicio del 2012 deberá tener una mayor profundidad, no como un conjunto vacío de contenido utilizado para favorecer a un partido o a un candidato que carece de calidad moral, espiritual y política, sino de hacer realidad lo que desean todos los dominicanos. La responsabilidad de girar el rumbo hacia un país desarrollado, donde no prevalezca la inercia y la incapacidad de gobernar con eficiencia y moralidad es un deber de todos.
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